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Abrazar simplemente nos da alegría

El miércoles pasado por la mañana,  el equipo llegó cansado a la sala. Mitad de la semana y "el no llego" parecía llenar el ambiente de ansiedad. Investigamos: ¿Qué porcentaje de energía atribuimos al "no llego", y qué porcentaje a la acción,  al hecho de la acción? 

Seguimos investigando: ¿Qué daría energía para soltar esa idea de no llego y pasar a la acción? El reconocimiento,  sentirme vist@, saber que soy valios@. Hubo escucha, silencio, tiempo, espacio para la conversación, para el acuerdo, el desacuerdo, la colaboración. Al final de la sesión el ambiente era más ligero, sostenible, posible.

 ¿Es poco usual darse un abrazo entre profesionales en un momento dado? ¿Nos damos abrazos genuinos, sinceros en nuestras empresas? Después de lograr un objetivo, después de una difícil conversación, durante unas risas a la hora del café, o bien porque sentimos al compañero, compañera alicaído ese día? No creo que se trate de dar abrazos y ya, pero reconforta,  te sientes comprendid@ vist@, reconocid@. Cuando invito a los profesionales a abrazarse después de una dinámica, mi experiencia es que fomenta la escucha, la empatía,  el bienestar, favorece la concentración, la eficacia,  es un chute de energía y facilita la buena comunicación y la capacidad de llegar a acuerdos. 

Abrazarse nos da simplemente alegría. Eso sí, el abrazo genuino,  de verdad, entonces ambos reciben.

El artículo adjunto, entre otras cosas, habla de abrazar, de la necesidad de ser vist@, reconocid@s. Algo tendrá el like que ha triunfado…Refleja esa necesidad de gustar, de ser reconocido, querido. Refleja la soledad de esta era de hiperconexión.

“Propongo ocho abrazos de seis segundos por día”. Ni dos, ni tres, ni nueve…, ocho abrazos.

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